No he escrito, lo sé...Y que puedo hacer si las musas se esconden cuando estoy feliz.
No he escrito por falta de tiempo. De todas las excusas he recurrido a la más infame.
Busco hilar las letras sueltas en mi cabeza y lo único que alcanzo a formar son truncas ideas insípidas y precarias.
Pareciese al fin que algo mi ser quisiera engendrar, pero me encuentro frente a la pantalla en blanco asustada y las yemas de los dedos reposan inseguras sobre el teclado, hacen uno que otro golpe que va lanzando palabras secas que al instante son borradas, diluidas, estranguladas.
No puedo escribir, me siento enferma, todas las ideas colapsan en mi interior, a duras penas he logrado conjugar esta misiva que me insinúa que este será mi último escrito por un tiempo.
miércoles, 17 de abril de 2013
martes, 26 de febrero de 2013
TIEMPO INFAME
La impaciencia.
La insensatez.
Desafíos que apuntan sus voraces ráfagas en busca de la mente, hacia los ojos, hacia los huesos.
Quisiera atrapar el tiempo.
Someterlo, aniquilarlo, retorcerlo con su misma impertinencia.
Tiempo... que palabra tan ordinaria, me repugna me revuelve las entrañas, me inyecta de rabia, de impotencia, de tristeza.
Y estás.
Y eres.
Cobarde! Porque aún sin poder verte, sin mostrarte como realmente eres, vas marcando los pasos de este infame minué.
martes, 29 de enero de 2013
LAS 100 COSAS MAS 16 DE TI
En todo el caos, solo es lo que es.
Me liberas, esbozas sonrisas en mí, me proteges y fluyes conmigo. Esas tus pestañas, la comisura de tus labios; con tus labios incluidos. Tus piernas, con el dedo gordo del pie derecho y aún más todavía el que le sigue. Tus hambres, cuando tomas mi mano, cuando me dices "preciosa", el sonido del celular al entrar tus llamadas; tus llamadas. Imaginar tu pasado, pensar en nuestros mañanas y en nuestras mañanas. Mi corazón acelerado al sentir que te acercas, tu desprolija cabellera escapándose. Cuando subes cuestas en la bici; tu bici, tu manera de caminar, cuando eres "condescendiente", tus pecados, tu sabor. La forma como me miras, tus manos en mi piel, tu olor, tu aliento en mi cuello, las cosquillas, esos besos apasionados al igual que los enfermos. Tus logros, tus sueños, tu valentía, tu audacia, ese orgullo que siento por ti. Esa cursilería que a diario nos abraza, esa luna que un día nos juntó, la voz de tus palabras, tu música, tu didgeridoo. El banquito, los ángeles, el anillo, el sonido de tu corazón cuando no entiendes mis silencios; tus silencios. Ese maldito e inevitable adiós. Tus costumbres, la familia, tu perro y sus juegos. Tus amigos, las sonrisas, las carcajadas, el llanto, las escapadas, los escondites, tu mala ortografía. Tus ojos tras las gafas, tus brazos con tu isla, el tatuaje que ya te hiciste, la punta de tu lengua; y toda ella. Lo que no puedo pronunciar, lo que pronuncio pero no lo escribo, tus pensamientos, yo en ellos y tú en los míos, tus pecas, tus mejillas. Tu humor, tus ocurrencias, tu incertidumbre. Tu rostro en las mañanas, la fuerza que produces en mí, tus ganas de continuar, mis días junto a ti, mis días sin ti, extrañarte, las rabietas, el descontrol, la reconciliación. Tus vicios y los míos contigo, ese brindar por cualquier cosa, ese disfrutar de cualquier cosa. La primera vez que me dijiste "te quiero", cuando me anime a decírtelo yo, cuando a los dos nos golpeó el amor. Tus ganas de tener hijos, tu comprensión al decirte que yo dudo, tu consuelo, tu paciencia, el dejarme ser. Tu alegría, tus tristezas, tu impotencia, tu manera de bailar, tus rugidos, tu cintura y todo lo que no puedo nombrar. El cielo sobre ti, caminar en la llovizna, el frío en nuestros cuerpos, el sol destellante en nuestras caras, tu sudor. Tus conversaciones, cuando me escuchas no sé si prestándome atención o no, cuando me escuchas en verdad, cuando te escucho yo. Cuando me explicas cosas que no sé, cuando te veo partir, lo frágil de nuestros sentimientos, lo poderoso de nuestro amor....
Caos, pero así como al comienzo, al final solo es lo que es.
Me liberas, esbozas sonrisas en mí, me proteges y fluyes conmigo. Esas tus pestañas, la comisura de tus labios; con tus labios incluidos. Tus piernas, con el dedo gordo del pie derecho y aún más todavía el que le sigue. Tus hambres, cuando tomas mi mano, cuando me dices "preciosa", el sonido del celular al entrar tus llamadas; tus llamadas. Imaginar tu pasado, pensar en nuestros mañanas y en nuestras mañanas. Mi corazón acelerado al sentir que te acercas, tu desprolija cabellera escapándose. Cuando subes cuestas en la bici; tu bici, tu manera de caminar, cuando eres "condescendiente", tus pecados, tu sabor. La forma como me miras, tus manos en mi piel, tu olor, tu aliento en mi cuello, las cosquillas, esos besos apasionados al igual que los enfermos. Tus logros, tus sueños, tu valentía, tu audacia, ese orgullo que siento por ti. Esa cursilería que a diario nos abraza, esa luna que un día nos juntó, la voz de tus palabras, tu música, tu didgeridoo. El banquito, los ángeles, el anillo, el sonido de tu corazón cuando no entiendes mis silencios; tus silencios. Ese maldito e inevitable adiós. Tus costumbres, la familia, tu perro y sus juegos. Tus amigos, las sonrisas, las carcajadas, el llanto, las escapadas, los escondites, tu mala ortografía. Tus ojos tras las gafas, tus brazos con tu isla, el tatuaje que ya te hiciste, la punta de tu lengua; y toda ella. Lo que no puedo pronunciar, lo que pronuncio pero no lo escribo, tus pensamientos, yo en ellos y tú en los míos, tus pecas, tus mejillas. Tu humor, tus ocurrencias, tu incertidumbre. Tu rostro en las mañanas, la fuerza que produces en mí, tus ganas de continuar, mis días junto a ti, mis días sin ti, extrañarte, las rabietas, el descontrol, la reconciliación. Tus vicios y los míos contigo, ese brindar por cualquier cosa, ese disfrutar de cualquier cosa. La primera vez que me dijiste "te quiero", cuando me anime a decírtelo yo, cuando a los dos nos golpeó el amor. Tus ganas de tener hijos, tu comprensión al decirte que yo dudo, tu consuelo, tu paciencia, el dejarme ser. Tu alegría, tus tristezas, tu impotencia, tu manera de bailar, tus rugidos, tu cintura y todo lo que no puedo nombrar. El cielo sobre ti, caminar en la llovizna, el frío en nuestros cuerpos, el sol destellante en nuestras caras, tu sudor. Tus conversaciones, cuando me escuchas no sé si prestándome atención o no, cuando me escuchas en verdad, cuando te escucho yo. Cuando me explicas cosas que no sé, cuando te veo partir, lo frágil de nuestros sentimientos, lo poderoso de nuestro amor....
Caos, pero así como al comienzo, al final solo es lo que es.
domingo, 27 de enero de 2013
EL VENENO DE LA DESCONFIANZA
Esas desgastantes dudas que me enredan.
Cómo puedo pisar con firmeza si desconfío de mi misma.
Cómo! si la mente, niña malcriada, hace berrinches cuando me descuido.
Cómo puedo pisar con firmeza si desconfío de mi misma.
Cómo! si la mente, niña malcriada, hace berrinches cuando me descuido.
Estoy segura de mis emociones, de eso que bulle dentro. Pero el vacío de mi pecho aún con tanto, no puede ser llenado; y es más, por instantes se siente gélido de soledad.
Ratos de amargura se avecinan, cuando una luz fatigada y ausente se cuela entre mis pestañas, haciendo nido en la pupila y entristeciendo la mirada.
Ratos de amargura se avecinan, cuando una luz fatigada y ausente se cuela entre mis pestañas, haciendo nido en la pupila y entristeciendo la mirada.
viernes, 18 de enero de 2013
Un trío en delirio
A lo lejos la brisa estival.
En el firmamento, la luna se fue menguando, ella sola; sin si quiera ayuda de una estrella, como si de una triste novia se tratase.
En la tierra, tres amantes. Todos paranoicos.
Cada uno queriendo vencer al otro, cada uno queriendo poseer al otro. Y en su delirio, despojáronse de sus pieles, poco a poco despellejados se veían revolcándose de dolor por entre las rocas, mientras la noche sigilosa amenazaba con quedarse, tan llena de oscuridad como solo ella puede.
Cuantos gritos se dejaron escuchar, cuanto llantos penetrantes, que calaban hondo en las almas de los niños que tras las puertas de sus casa, de puntillas y encorvados rogaban porque los horrendos lamentos acabasen.
Y al final, cuando un trémulo amanecer fraguaba entre la niebla, los amantes volvieron de su desvarío, sangrantes, heridos, desollados; sin creer en lo que sus ojos les mostraban.
No se sabe aún, si fue más fuerte el sentimiento de dolor o el de vergüenza que por todo su cuerpo recorría, pero sin hablarse entre sí, tomaron del suelo sus pellejos y sus ropas y caminaron taciturnos sin ninguna dirección.
miércoles, 16 de enero de 2013
EXPLOSIÓN, RABIA Y ARREBATO
Acabé por quebrarme....
Todo tiene en su tiempo, un tiempo, un objetivo y un motivo.
Mas es una lástima que mis impulsos sean ciegos frente a estos hechos e irrumpan violentamente (valgan las tres redundancias), allanando mi cordura.
Lo vi venir.
Esa sensación en la garganta, esas manos ligeramente temblorosas, esa terca ceguera interna.
Las voces cada vez más lejanas, casi perdiéndose en las esquinas, y el olor...... ese olor que da la alerta de que algo no muy bueno se avecina.
Entonces la explosión.
Entonces el arrebato.
Entonces la rabia.
No hay merced ni cura para el alma, ese abyecto ser, tan lleno de dudas, tan lleno de infamias, tan lleno de vacío, la posee y ella frágil no hace otra cosa que entregarse.
Aletargada por instantes entra en razón, pero como si de una bofetada se tratase, la furia la devuelve al estado máximo de enojo.
Y a pocos segundos el llanto, las lágrimas, los sollozos no se hacen esperar. Irrumpen cual ventisca de verano, trayendo consigo ese odio a sentirse vulnerable.
Luego el momento pasa, pasa la hecatombe y alrededor solo escombros irrecuperables y esa intuición de una vergüenza, de mejillas sonrojadas por las vilezas perpetuadas, de querer huir, de querer dar pasos al frente y arrojar todo a la ventana.
Todo tiene en su tiempo, un tiempo, un objetivo y un motivo.
Mas es una lástima que mis impulsos sean ciegos frente a estos hechos e irrumpan violentamente (valgan las tres redundancias), allanando mi cordura.
Lo vi venir.
Esa sensación en la garganta, esas manos ligeramente temblorosas, esa terca ceguera interna.
Las voces cada vez más lejanas, casi perdiéndose en las esquinas, y el olor...... ese olor que da la alerta de que algo no muy bueno se avecina.
Entonces la explosión.
Entonces el arrebato.
Entonces la rabia.
No hay merced ni cura para el alma, ese abyecto ser, tan lleno de dudas, tan lleno de infamias, tan lleno de vacío, la posee y ella frágil no hace otra cosa que entregarse.
Aletargada por instantes entra en razón, pero como si de una bofetada se tratase, la furia la devuelve al estado máximo de enojo.
Y a pocos segundos el llanto, las lágrimas, los sollozos no se hacen esperar. Irrumpen cual ventisca de verano, trayendo consigo ese odio a sentirse vulnerable.
Luego el momento pasa, pasa la hecatombe y alrededor solo escombros irrecuperables y esa intuición de una vergüenza, de mejillas sonrojadas por las vilezas perpetuadas, de querer huir, de querer dar pasos al frente y arrojar todo a la ventana.
domingo, 18 de noviembre de 2012
LAS IMBORRABLES DUDAS DEL MIEDO
Y ese escozor que me allana al sentir que lo pierdo todo por pura voluntad...
La reyerta interna, intensa, intolerable, me sumerge y me desquicia.
No deseo cortar las raíces de mi árbol pero lo siento necesario porque me está exterminando; crece fuerte, frondoso, astronómico y me destroza.
Me ubico frente a él con el hacha a las espaldas, que no se entere del crimen.
Estoy a punto de alzar mis brazos y atizar un solo golpe justo al corazón. Ya en el aire dirigiendo el arma hacia mi objetivo lo veo tan precioso, tan vivo que me vence la vergüenza y resisto a mi crueldad.
Y me alejo cabizbaja, horrorizada de mi acto homicida jurando no volver jamas a pensar en removerlo y él ni por enterado.
Pero el dolor desgarrador vuelve y no me deja siquiera respirar, la asfixia se hace nuevamente presente. El pequeño árbol que de un momento a otro creció, se incrusta dentro de mí y al crecer buscando el cielo no hace más que dolerme y agotarme.
Que hacer?
Permitir a esta naturaleza seguir creciendo mientras se lleva mi vida con ella? O cortarla o apagarla o extinguirla para siempre y así poder vivir, sola pero con el corazón pulsante.
La reyerta interna, intensa, intolerable, me sumerge y me desquicia.
No deseo cortar las raíces de mi árbol pero lo siento necesario porque me está exterminando; crece fuerte, frondoso, astronómico y me destroza.
Me ubico frente a él con el hacha a las espaldas, que no se entere del crimen.
Estoy a punto de alzar mis brazos y atizar un solo golpe justo al corazón. Ya en el aire dirigiendo el arma hacia mi objetivo lo veo tan precioso, tan vivo que me vence la vergüenza y resisto a mi crueldad.
Y me alejo cabizbaja, horrorizada de mi acto homicida jurando no volver jamas a pensar en removerlo y él ni por enterado.
Pero el dolor desgarrador vuelve y no me deja siquiera respirar, la asfixia se hace nuevamente presente. El pequeño árbol que de un momento a otro creció, se incrusta dentro de mí y al crecer buscando el cielo no hace más que dolerme y agotarme.
Que hacer?
Permitir a esta naturaleza seguir creciendo mientras se lleva mi vida con ella? O cortarla o apagarla o extinguirla para siempre y así poder vivir, sola pero con el corazón pulsante.
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