jueves, 8 de marzo de 2012

Telegrama desde los despojos

Te escribo desde aquí, desde lo más bajo. Desde la soledad, desde la penumbra, desde la carencia de ti. Me dirijo para despedirme, para entregarte lo que me hace falta y desaparecer. Me convierto en fantasma, en objeto inanimado. No me extrañes, no me pienses, déjame caer.

"Sin alas para volar" (JS)

El aliento de la muerte me hiela hasta la traquea. Me susurra y me está volviendo loca. Jamás pensé tenerla tan cerca, jamás pensé haberla sentido a mis espaldas. 
La vi, pero no la reconocí sino cuando ya fue demasiado tarde. 
Vil muerte, no te apiadaste, no quisiste esperar siquiera una década más, solo nos empujaste hacia el barranco del dolor y ni siquiera reíste como tal vez hubiese imaginado, no fue así, en cuanto te vi,  te encontré triste también.
Y luego tenía miedo siquiera de nombrarte, es ahora después de tantos meses en que he sacado fuerzas para pensar que en verdad existes. Muerte.. que nos hiciste sentir el verdadero sabor de la amargura.
Y es verdad que  se mitiga la pena? Pues se amortigua más bien, pero no desaparece, cada día hay un lapso incalculable en el que la infame se columpia sobre nuestros hombros.
Y a vivir con ella... Vivir... vaya palabrita. 
De un tiempo acá, no me encuentro muy bien, al menos en la soledad; el insomnio está haciendo mella en mí, se nota en las ojeras, y el sonido interno de la incertidumbre me hunde en una brutal depresión. 
Quiero salir.... pero por más que lo intento, no encuentro las llaves de mis ataduras.

Ave fenix de alas rotas

De vuelta a las masmorras, donde pertenezco. Esa es mi condición, en eso fui creada. 
Ave fenix de alas rotas, resurjo de las llamas tan solo para vivir tristemente en las cenizas, devorando la carroña de un tiempo hace horas ya pasado.
Ya no estoy más viva, solo respiro, solo me alimento, solo me conduzco por entre falsedades, sin un timón, sin una cuerda, una liana que me ligue a la realidad. Me he convertido etereamente en la nada.
Me desgarro desde adentro.... Carne pútrida, infectada, corroida. Y sigo aquí mas miserable y desgraciada que de costumbre. Me derrumbo y caigo en el lodo envileciéndome hasta el aliento.

sábado, 3 de marzo de 2012

HE VUELTO A CAER

Un soplo de abyecta ironía, casi impalpable, sin sombras ni contornos surge inquebrantable. Está y es y se presenta frente a mí, insultándome, burlándose, faenándome.
Me dejo llevar, me desplomo ya sin esperanzas sobre las estelas del derrumbe y contemplo impávida cómo se destroza mi ausencia de ti, las horas inciertas repican arrugando mi conciencia, apilando nostalgias, envenenándome, intoxicándome.
Hablo con tu sombra en mi memoria y ella calla. Ya no dice nada, hace tiempo sus palabras se han trizado, pero ella continúa, asutándome, ignorándome, agobiándome.
Sal de mi cerebro, salta, huye, no dejes huellas; que bien  te puede hacer quedarte en mí, ten compasión de esta miserable que se destiempla de la verdad para encontrarte en su imaginario, mira las lágrimas rodar entre el maquillaje y apiádate de mí. Corta la soga que me acaricia el cuello, suelta las amarras de mis muñecas, déjame ser libre, déjame odiarte, indúltame de mis pecados. 

miércoles, 22 de febrero de 2012

DISCURSO DIALÉTICO PERSIGUIENDO LA MORAL

Febrero 2012

Bitácora iniciada el 19 de enero del 2012 y semi concluida el 18 de febrero y dada por culminada el 22 del mismo mes.

Adentrándome a nuevos conocimientos.

Uno siempre cree haberlo escuchado todo, visto todo  e inclusive vivido casi todo o gran parte del todo, pero  de pronto inexplicablemente  te encuentras con diversas realidades que siempre estuvieron ahí solo que uno no se toma el tiempo para divisarlas. Par poder explicar el porqué de este, llamémoslo “mal llamado” ensayo es menester remontarme a la tranquilidad dígase entre comillas de la primera niñez.

Muy a mi pesar o tal vez por una gran y nada arbitraria suerte, mucho del bagaje emocional que se plasmó en mi infancia ha sido suturado y puesto en el olvido. Pero aún quedan rezagos de aquella inocencia que se supone confluía por ahí en los años 80´s y principios de los 90´s.

Nunca fui muy apegada a lo normal, eso decían y hasta ahora eso dicen, aunque ya no con tanta firmeza. De niña fui pues no quisiera decir “rara” porque sería muy dramático y para ese entonces el drama no había llegado hasta mí como lo ha hecho en estos últimos tiempos, pero sí un tanto diferente.  El caso es que durante mi corta infancia,  porque ocho o nueve años que en ese momento literalmente eran toda mi  vida por más  que ahora se ven como un lapso tan corto en el tiempo, no tuve interés alguno en construir lazos de amistad o de apego, a nadie que no sean mi familia e inclusive ahí tuve inconvenientes.

Por mi mente se cuelan recuerdos vagos de mi iniciación en el absurdo régimen educativo, mis padres buscando el mejor colegio, yo sin saber todavía a lo que me atenía ya que jamás estuve en guardería ni otro recinto que se le parezca, siempre más bien (dispénseme del mal uso del lenguaje),  me encontré bajo las faldas de mi madre, porque en ese entonces yo recuerdo que mi madre sí usaba faldas.  Como decía, me encontraba yo tan feliz viendo aquellos lugares donde había sillas pequeñitas pequeñitas, no como las de mi casa y donde había llantas negras aprisionadas con unas cadenas y que se columpiaban que luego supe que a ese artilugio le llamaban columpio. Después de varios intentos frustrados no sé cómo es que caí en un colegio tal, ese de monjas,  que no lo sabía aún pero con el tiempo me iba a dar cuenta que ahí se manejaban dos discursos en uno, a los cuales me resultaba un tanto difícil atenerme y más si yo tenía el mío propio.

Alumna ejemplar no fui, pero tampoco hubo quejas exageradas de mi comportamiento. Neutral más bien por no usar el despectivo “mediocre” que me atormenta. Con respecto a las relaciones sociales, seguí el mismo patrón de un principio: pocas amistades, muchos conocidos que me sonreían pero que se me informaba hablaban a mis espaldas y no con malicia, solo discutían sobre mi rareza. Qué conflictos se hubiesen ahorrado si tan solo se hubiesen acercado a preguntarme así de frente sin más, sobre lo que les perturbaba de mi actitud.

Aquí un paréntesis; ya con una “conciencia moral” que se fue forjando en mí como una lama a la sombra de los valores familiares y el instinto humano que “caracteriza a los humanos”, tenía más o menos idea de lo que era el bien y el mal. Con este antecedente la lucha empezó; porque se decía que la Iglesia y sus entenados religiosos (léase curas y monjas), tenían la verdad absoluta, única y real;  quise atenerme a sus convencionalismos pero con ciertos procederes me hacían dudar de su única y absoluta verdad, aclarando que no hablo específicamente de Dios como verdad absoluta, si no la doctrina impartida. En este punto me apremia precisar que no soy atea ni agnóstica ni borrega a pesar de que los comentarios a posterior vertidos pueden parecer lo contrario.

El caso es que no entendía eso de que este dios  era un ser benevolente, que estaba en todas partes y sabía todo lo que hacía, y que si me portaba mal o infringía su ley sería castigada con el infierno. Y al instante final del discurso preparado cada mañana antes de iniciar clases llamado “Meditación” yo me preguntaba:  Si se decía que este dios estaba en todas partes y sabía todo lo que hacía, significaba que él tenía conocimiento del  mal comportamiento o pecado  de un humano y además del castigo que éste (el pecado, no el hombre) conllevaba, entonces no entendía; por un lado,  quien era el que  enviaba al infierno. No podía ser él,  ya que se llenaban la boca diciendo que es un ser benevolente y segundo que si no podía evitar que se le pringue a uno con el fuego infernal, entonces porqué no se materializaba como dicen que disque antes hacía y le decía a este pobre humano que no haga mal porque sufriría? Ninguna respuesta. Solo después de un tiempo supe o más bien intuí o me imaginé, que a ese silencio de dios se le daba el nombre de “libre albedrío”, frase que resume a la idea de que: el ser humano tiene la potestad de hacer lo que él quiera a diferencia de los animales o las plantas,  que cumplen una función dada a ellos por el instinto o simplemente por la idea misma de ser; al contrario, el ser humano con el don de la inteligencia insuflado desde su nacimiento pero que no lo pone en práctica si no a posteriori, tiene la facultad de decidir sobre sus actos. Pero lamentablemente esta facultad de decisión no lo abstiene de que si no cumple la ley celestial sea castigado, entonces que estupidez de don se le ha entregado?

Otra cosa que no me quedó clara es eso de que los curas y monjas se casaban con su dios, pero luego decían que la poligamia y las desviaciones sexuales eran pecado. Entonces ellos estaban en pecado? Pues no, a dios y a ellos no se les aplica esta ley y entonces, no se supone que estábamos hechos a imagen y semejanza? Incongruencias.

Y también estaba eso de que en varias partes de la biblia a modo de anécdotas se decía que dios pedía  a un pobre mortal cosas incoherentes. A veces pedía que matase a su hijo por él, como le sucedió a Abraham, el pobre mortal, cegado por el amor filial y yo diría obtuso hacia su dios llegaba hasta las últimas consecuencias. O eso de ponerse a jugar con el mismo satán a una lucha de fuerzas mediando con la vida del pobre Job, dejándolo en la inopia, sin riquezas y peor aún,  sin hijos solo para demostrarle al insignificante pobre diablo que él tenía más músculo, reivindicándose después con Job entregándole “otros” hijos, cómo si ellos pudieran suplantar a los anteriores. Y que se puede decir de los castigos perennes  a los hijos de Israel, descendientes del mismo Dios, si tanto los amó porqué hacerles pasar por tanto contubernio? Dios benevolente?

Continué a lo largo de los “tiempos dolientes” con mis pensamientos de hereje, pero para no escandalizar supe disfrazarlos con vendajes de parsimonia y de obediencia, ahí empecé el curso gratuito de hipocresía emprendido por mi interior como salvaguarda de mi patrimonio personal y único, yo misma. Cuánto me costó por un lado acostumbrarme a practicar la “doble moral” impuesta por la institución y por otra en las noches pedir perdón con oraciones de contrición a mis propias convicciones por faltares de esa forma.

Seguí entonces atestando golpes fatuos  contra mi propia vida y de pronto descubrí un punto de fuga. La teatralización. Qué sorpresa! Qué alivio poder mentir sin tener que luego arrodillarme a suplicar avesmarías, esto sí es lo mío! Y una vez fui madre, y otra vez fui tía, en otra ocasión Hécuba y en otra ninfa, y me fascinaba y les fascinaba, o por lo menos eso parecía. Ya no era la chica rara, ya no pasaba desapercibida, ya no sentía las burlas tan fuertes, éstas se habían atenuado. Entonces supe que debía hacer de este placer mi subsistencia.

Salí de la prisión luego de una condena de 13 años con ansias locas de enrumbarme a una vida de mentiras permitidas, pero las ganas se me fueron apaciguando cuando entreví que la familia, amigos, conocidos, la mayor parte de la sociedad y algo del mundo en general, se negaba a que perdiera mi tiempo con esas banalidades y esperaban sea una persona de provecho, es decir que vaya tras el lucro mas no tras de los ideales.

Punto de quiebre. Ya habían aparecido otros atrás, pero este afectaba de forma directa a mi porvenir, empecé un concilio con mis padres y en ese tira y afloja acordamos mi futuro. Yo lo decidí, no puedo echarles la culpa, fui yo quien se puso sola la soga al cuello o la navaja a la aorta. Negada la posibilidad del histrionismo, busqué en mi interior un algo para lo que fuera buena y aplicarlo a lo cotidiano. Como siempre estuve muy cerca del arte y bueno quien no si en estos tiempos “todo” es arte, pero específicamente estuve muy apegada a la pintura y escultura y la historia del arte, enrumbé mi existencia hacia ese espectro. Como sufro del mal de manos torpes y de creatividad lenta,  no me era posible convertirme en artista así que opté por ser conservadora (entiéndase preservadora de bienes artísticos y no de ningún partido político), no tenía madera para ser el enfermo entonces decidí ser la cura (dispénseme mi pedantería, normalmente no soy así).

Qué hermosos tiempos fueron aquellos, qué sentimientos tan entrañables  me acariciaban el alma al poder tener entre mis manos obras de hace 400 años y más, subir por esos recovecos donde solo el Espíritu Santo con algún clérigo habían pasado, ojear libros corales imaginando cómo debieron ser aquellas misas de antaño. Y de pronto me doy cuenta que la vida se porta un tanto irónica conmigo. Yo que huí de la doctrina clerical, que me impuse ante mi querida madre católica apostólica y romana y le dije un día que simplemente decidí no ir más a las misas del domingo; me encontraba yendo a diario a las Iglesias, escuchando al día tres o cuatro misas con los mismos cánticos y con las mismas beatas que cada día ponían la velita a su santo implorándole las escuche y este se quedaba en la misma postura hierática sobre su peana.

Proseguí así con altibajos, días de trabajo, meses de haraganería; a fin de cuentas aún era una estudiante y esa era mi labor fundamental. Pero de pronto un día eso se acabó. Tesis de graduación: “Iconografía de los santos patronos de los gremios de Quito”. Cómo me gustaba la historia de los santos. “La Leyenda Dorada”, de Santiago de la Vorágine fue como una novela para mí, él  y los autores que usó de referencia, debieron tener tanta imaginación para describir así sin reservas los escarnios, afrentas y martirios  que sufrían los pobres hombres que abrigaban  santidad.

Y sin más empecé a ser tan solo una estadística, un porcentaje de las personas económicamente activas, si con eso se quiere maquillar la cárcel que implica el trabajo. Ahora ya no era tan fácil haraganear; si bien no percibía de mis padres con los cuales vivía y actualmente continúo viviendo,  una hostilidad frente a mí al no tener que hacer, me sentía y aún lo sigo sintiendo que les debo mucho por todo la inversión que hasta ese momento y aún continúan depositando en mí.

La frustración había sido un alma quisquillosa  que siempre me rodeó, desde que no podía decir lo que sentía por miedo a las llamas del infierno o al qué dirán, mal que lo traje no sé de donde, hasta estos instantes, en los  que no logro el éxito ese del que tanto se habla y mucho menos ese tan anhelado y por ello mismo tan inexistente bien vivir.  Meses de trabajo mal pagado, meses de miseria, meses de inmundicia. En esos lapsos de tiempo me preguntaba que hubiese sido si me iba contra todos y luchaba por mentir con diligencia o sea actuar, o por el contrario me dejaba llevar por los consejos que nunca faltaron de que me aleje de las carreras humanistas y sea más pragmática;  pero al rato despertaba y me encontraba con carpeta en mano golpeando alguna puerta ofreciendo mi trabajo esperando no ser timada por cuanto estafador existe en mi profesión. La frustración y la impotencia iban arraigándose en mi interior y haciendo mella en mi alma, en mi conciencia y en mi, por ser un poco cursi, corazón. Y así continúe transitando. Tal como había alegrías, también se dibujaban penas pero continuaba, llorando a veces frente a todos sin poder contenerme y otras mordiendo la almohada para no incordiar.

Y de pronto otro punto de quiebre, otro quiebre total y único,  el más doloroso que hasta ahora he podido experimentar y que ni si quiera puedo nombrarlo y que hasta la fecha de hoy no puedo superarlo; que se me quiere escapar el corazón al siquiera pensar en escribirlo.  La muerte de mi hermano.

Como ya lo he dicho antes, no soy atea pero tampoco sierva. Hasta ese momento yo tenía una especial relación con Dios, Él era de esas personas que un día un ser querido te presentó y conociste y te agradó, que sabes que está ahí pese a que no lo ves, que aprecias mucho, que en ocasiones hablas con Él y que todo el tiempo tienes en mente. No estaba de acuerdo con la Iglesia, por toda la farsa que había presenciado en mi primera etapa de vida, me parecía algo un tanto ridículo tener que repetir una y otra vez las mismas oraciones como si se tratara de un trabalenguas,  me desagradaba ver y escuchar a los penitentes golpeándose el pecho una y otra vez sin ver una real comprensión de lo que decían, me dolía tener que celebrar y rememorar la crucifixión y muerte de alguien. Pero eso no quería decir que no me encontrara en fascinación y éxtasis con este Ser Superior que sin conocerlo lo amaba y aún lo amo pese a no comprenderlo; y no lo comprendo porque mi formación me hizo pensar que Él era el encargado de regir y regular todo en esta vida, que es Omnipresente y que solo quiere lo mejor para nosotros; y entonces surgían las recriminaciones. Si estuvo ahí en el momento del accidente, porqué no hizo nada? Qué bien puede ocasionarme que me arrebate a alguien tan querido? Cómo puedo resignarme a verles a mis padres como un contemporáneo Job? Con qué se supone iba a subsanar las heridas que nos dejó? A mi hermano no lo remplaza nada ni nadie! Y se lo reproché, así igual que Job y me consumí igual que Job, y continué igual que Job y aquí estoy esperando algún día conseguir  un poco de consuelo al igual que Job.

Lo bueno es que pese al discursillo convincente no me lo creí  y simplemente pienso que hay que dejarlo descansar al pobre Dios, ya suficiente tiene con estar pendiente de las habladurías que se traban sobre Él para tener que estar en todas partes cuidándonos o castigándonos. Y por ello no puedo guardarle rencor o por lo menos eso  intento.

En la aflicción que me encontraba por el facto antes mencionado necesitaba vaciar mi mente de pensamientos y vaya que es una tarea ardua, difícil y por decir lo menos im-po-si-ble. Entonces tomé la segunda opción, si no puedo dejar de cavilar y dar vueltas las ideas en mi cabeza, llenar mi mente de otros pensamientos, para así saltar el obstáculo de rencor, furia, tristeza, bajón, y mas ayes que me constipaban.

A todo este paripé en que se convirtió mi vida, el de sentirme frustrada con mi trabajo que pese a que me gustaba no era rentable, el no haber cumplido algunos de mis sueños en tablas, el no saber cómo consolar a mi madre que por ironías de la vida se llama Consuelo; tuve que pasar por otro nefasto luto, el de perder a mi pareja, mi complemento.

Entonces cuál fue mi decisión de subsistencia? Pues simple, ponerme un obstáculo gigante, enorme, y si exagero inconmensurable, tan grande que me ocupe el tiempo en intentar filtrarme por él. Algo que me agobie tanto que aunque sea por momentos me sustraiga de la realidad. Y aquí estoy, transitando por una carrera que en lo más mínimo me identifica, que de mí en un principio pensé no tenía nada y que me ha costado harto.

Y es aquí cuando uno se pregunta, que de verdad es eso del destino, o todo tiene que ver simplemente con el azar, pero en cualquiera de los dos casos estoy aquí, en un principio solo con la intención de rellenar mi mente de información para no pensar en otras cosas pero poco a poco voy interesándome, tal vez no al mismo nivel de los otros pero a mi ritmo voy (y no quiero sonar pretenciosa) produciendo y creando ideas propias o por lo menos intentando hacerlo.  Es aquí cuando regreso al principio, es decir eso de que uno cree que casi todo lo ha visto y escuchado pero que no es más que una ilusión que ahora de cierta forma se quiere pintar como realidad.

Ahora estoy aquí o mejor dicho soy aquí, la misma de antes, con mi “trastorno límite de la personalidad” pero distinta, viviendo una vida que siento no es mía pero que no me disgusta del todo, luchando campalmente en mi interior, conociéndome y desconociéndome con cada paso, recordando a veces y devastándome por completo, cicatrizando y fluyendo otras tantas.

En este auto-reproche en el que se ha convertido este escrito llegó el punto en que me pregunto si soy una buena persona o no, pero a fin de cuentas no sé si realmente quiero serlo. Hay momentos en que el altruismo se acobija conmigo, pero hay otros en que la perversidad emana de cada uno de mis poros; lo cruento es que esto suele suceder a veces en un mismo instante y ello me lleva a tener auto-discrepancias y el riesgo de poder ser etiquetada como poco social (antisocial no, ya que me es imposible serlo porque soy sociedad y como podría negarme a ser yo misma y estar en contra de mi misma), y esto me abruma, me subleva ante mí yo.

No he robado, o por lo menos no a manos llenas, tal vez en la adolescencia me sustraje algo sin necesitarlo, por el simple hecho de querer comprar un poco de peligro, de emoción. Y también me imputo el querer robarme el tiempo, para detenerlo, para domarlo pero sin ninguna posibilidad a mi favor.

No he mentido…. (aquí hasta se me cae la cara de la vergüenza). Corrijo, he mentido tan solo lo necesario, no las  llamaré mentiras piadosas, sino más bien verdades a medias o verdades contrarias. Pero qué de malo puede tener el mentir de vez en cuando. Si no hubiesen existido mentiras, no tendríamos leyendas, ni gestas libertarias, ni Manuelas, ni Lacaontes, ni San Pedros ni estigmas;  porque el exagerar la realidad es también una forma de mentir.

No he matado a un ser humano aún, o al menos eso parece; porque si destrozar el corazón y más que el corazón como músculo torpe de circulación, destrozar la psiquis, el sentimiento, eso que segrega el hipotálamo se lo puede subir a la categoría de crimen, pues entonces me acuso de asesina y reincidente.

Entonces bajo todas estas objeciones, debo considerarme moral o inmoralmente aceptable? Soy acaso una buena persona, cándida y sosegada? O más bien todo lo contrario,  un ser vil, calculador, maniático y dominante? Pues me temo que en mi se cuecen ambas, soy yo y no lo soy, soy la perversidad y la virtud, amalgama de una ira y sumisión contempladas con lasciva transición.


(Lamento la extensión de la palabra, hace rato que no escribía)

domingo, 29 de enero de 2012

JUDIT Y HOLOFERNES: LA DECAPITACIÓN DE LA MORAL

La obra de Caravaggio,  su influencia en el pensamiento religioso de la época y en su propia vida. 


INTRODUCCIÓN

Europa siglo XVI,  el mundo de Occidente se encuentra convulsionado por la represión ideológica que conlleva la batalla de poder religioso entre los estados y la Iglesia. A la par de la religión católica imperante florecen otras;  que más allá de responder a  una creencia,  surgen como  rompimiento de los intereses políticos y geoestratégicos dominantes.  El mundo está revuelto;  la Iglesia católica es cuestionada, pero este cuestionamiento más allá de debilitarla la fortalece.

En esta época de agitaciones sociales nace Michelangelo Merisi da Caravaggio, de quién el tratadista Antonio Palomino dijo “tuvo la valentía de pintar”. Caravaggio, hombre apasionado, díscolo y perturbador,  se enfrentó a toda la vorágine que se produjo en ese entonces en Europa. Nació en Caravaggio, lugar cercano a Milán y del cual tomara su nombre, huérfano de padre a temprana edad y posteriormente en su adolescencia de su madre, salió de su pueblo natal hacia Milán e irrumpió  de forma violenta en su adultez, haciendo de su día a día un continuo trajinar. Tahúres, prostitutas, soldados conformaban su grupo social; la noche y las tabernas comprendían parte de su escandalosa forma de vida. A lo largo de su existencia se vio como un alma errante,  que debió transitar de un lugar a otro,  sea huyendo de la ley o de sus propias concepciones.

Caravaggio estuvo supeditado a realizar obras religiosas y de género por encargo tanto del clero como de monarcas,  además de mecenas del arte.  Su reputación así como su obra no siempre fueron  bien vistas, muchos de sus cuadros debieron ser corregidos para poder presentarlos en público, ya sea porque él era muy crítico respecto a su propio trabajo, como porque algunas de ellas no seguían  los cánones establecidos. Introdujo en su obra la técnica del claroscuro, que hacía de sus cuadros una representación tenebrista de la realidad. Uno de los aportes más importantes de Caravaggio al arte fue la creación  de un nuevo movimiento  artístico: el barroco.

En el año 1597,  pinta el cuadro Judit cortando la cabeza de Holofernes, tema muy demandado por la iglesia católica a los pintores y escultores de la época y que representa una escena del libro de Judit, obra apócrifa  la cual en uno de sus segmentos plantea los detalles de la decapitación de Holofernes, - general asirio que pretendía sitiar al pueblo judío de Betulia- en manos de Judit, una bella viuda judía que pasó a la historia como redentora del pueblo israelí. Caravaggio, a diferencia de muchos de sus contemporáneos que alzaban al cielo  el estandarte de recatados y fieles a los preceptos  establecidos, se mantuvo apegado a sus propias convicciones y en gran medida gracias a la vida bohemia que llevó pudo y supo plasmar una realidad tan natural, sin intimidarse  frente a la representación de la belleza o la fealdad y ello se puede apreciar en el mencionado cuadro.

En este trabajo entreveremos la vida del artista, la influencia que pudo causar en él,   el tiempo en el que vivió o cómo Caravaggio influenció también en la sociedad de la época; y por último nos centraremos en una de sus obras, que si bien no es  la más comentada, representa lo que Caravaggio fue, lo que la Iglesia fue y lo que el artista entregó al arte y a la historia, el inicio del estilo barroco.

DESARROLLO

                Desde el siglo I aC se habla ya de una iglesia católica, cuyo patrón es San Pedro discípulo de Jesús;  esta religión es la predominante a lo largo de gran parte de la historia, sobre todo de los países de Europa Occidental; pero a partir del siglo XVI, varios “religiosos, pensadores y políticos” empiezan a crear nuevas ideologías que generan una transformación en la posición que tenía la religión imperante. Martin Lutero y Juan Calvino son algunos de esos pensadores.  Lutero era un  sacerdote católico agustino que analizó las doctrinas medievales y rechazó el “complejo sistema sacramental de la iglesia católica” que llevaba a cuestas un sin número de exageraciones, entre ellas la más criticada fue la “venta de indulgencias” que servirían para pagar la construcción de la Basílica de San Pedro en Roma. Esta nueva tendencia fue llamada Reforma Protestante.  Se tiende a creer que en respuesta a este nuevo movimiento se empieza a crear una Contrarreforma, la Reforma Católica, pero no es así; ésta se inicia mucho antes como norma regulatoria no llegando a institucionalizarse sino después de la aparición de la Reforma Luterana y entonces sí  se esforzó por impedir el avance de las doctrinas protestantes (Historiacultural.com, 2010). A raíz de estos movimientos se llevó a cabo el Concilio de Trento que no era más que una congregación en la que llegaron a ciertos acuerdos respecto a los procedimientos sacramentales de la Iglesia, algunos de ellos tenían que ver más con aspectos de organización dentro del clero y otros que son los que nos compete, con respecto a la representación del arte religioso, las normas y directrices sobre las cuales debían ejercer su labor los artistas (Wikipedia, 2012).

                En este caótico escenario nace Michelangelo Merisi en Caravaggio, pueblito  romano cercano a Milán y del cual tomara su nombre. La fecha de su nacimiento no es posible precisar con claridad, se presume pudo haber sido el 29 de septiembre ya que en este día se honra  a San Miguel Arcángel y por ello su nombre; el año también es cuestionado ya que se decía había nacido en 1973, cuando en realidad nació en 1971. Esta confusión se dio ya que Caravaggio solía restarse la edad; específicamente cuando llegó a Roma se quitó dos años “por las consideraciones que recibían allí los jóvenes talentosos por parte de los mecenas”(V.A., Grandes maestros de la pintura,  2006, pg. 14).Gracias a su padre, que se dice fuera el magister (arquitecto) del duque de Milán y marqués de Caravaggio, Francesco Sforza;  el joven artista pudo acceder a la protección  de familias poderosas como ésta,  que lo acompañarán a lo largo de su vida y le ayudarán a entrar al mundo del arte.  

                Caravaggio inició su vida artística realizando bodegones y naturalezas muertas, pero no de la misma manera como eran concebidas en la antigüedad, el puso en sus representaciones un enfoque más real y hasta cierto punto tenebroso, utilizando ya desde un principio la técnica del claroscuro, “que llegó a escena mucho antes del arribo de Caravaggio a la pintura, pero fue éste quien le dio la técnica definitiva, oscureciendo las sombras y transformando el objeto en un eje de la luz, cada vez más penetrante”( Lambert, 2001,pg. 11). Posteriormente se planteó realizar cuadros de género, en ellos representaba a muchachos de la época, a ancianos, a mujeres; de forma tan acercada a la realidad que exaltaba las imperfecciones de estos personajes que en su mayoría eran entes de las calles, de las noches, de los tugurios; por esta representación tan cruda  sería acusado de naturalista.  

Se presume que su primera obra de carácter religioso fue San Francisco recibiendo los estigmas, y que el cardenal Francesco María del Monte, embajador del duque de Toscana se conmovió al ver el cuadro y propuso a la Santa Sede se le dé “cobijo y cubierto”, a cambio de que éste sea el pintor oficial de la orden clerical. Desde ahí continuaría su carrera artística ligada a la representación del arte religioso. Se lo considera el precursor del arte barroco. La palabra portuguesa barroco significa “perla de forma irregular” o “joya falsa”, algo que está recargado.  Este término fue empleado por los críticos de una época posterior al siglo XVII de manera peyorativa. Barroco significa, realmente, absurdo o grotesco. (Gombrich, 1997, pg. 387). Es posteriormente que se le da un valor estético preponderante.

                En muchas ocasiones su estilo artístico y su irreverencia en el momento de representar imágenes santas,  fueron fuertemente criticadas;  la Iglesia que se encontraba aún envuelta en escándalos y que debía obedecer ciertos parámetros,  no podía permitirse obtener obras de arte  que estuviesen  fuera de los cánones establecidos, el clero debía adquirir cuadros que sirvieran como adoctrinamiento mas no como panfletos contestatarios o como radiografías del mundo en el que su autor se desenvolvía. En varias ocasiones a Caravaggio le tocó volver a crear sus obras o por lo menos retocarlas; por un lado por la influencia de la Iglesia sobre éstas y por otro porque había momentos de arrepentimiento por parte del artista al colocar una imagen o al proyectar de cierta forma  la luz y las sombras. Cuadros como La muerte de la Virgen o La Virgen de los palafreneros fueron fuertemente criticados y hasta censurados, el primero por representar a la Madre de Dios en su lecho toda hinchada, desmejorada, sin el halo de santidad; el segundo  a la vez por representar una imagen de María con su madre y el niño de forma tal que los rebajó a simples mortales, sin el yelmo de santidad a cuestas.

                Caravaggio fue un hombre de carácter reacio, infinidad de veces se vio envuelto en problemas con la agentes y oficiales, de ahí su rechazo absoluto hacia la fuerza policial. Por su estilo de vida, en dos ocasiones agredió de muerte a dos personajes, esto le llevó a tener que huir para no ser apresado y pasar de Milán a Roma, posteriormente a Nápoles, a Sicilia y luego de vuelta a Milán, dejando en cada lugar la huella de su ingenio. La mayoría de sus enfrentamientos tenían que ver por ajustes de cuentas, por apuestas perdidas o porque no deseaba ser sometido por las leyes, ”….pues era éste de carácter rudo e irascible, siempre dispuesto a sentirse ofendido, e incluso a clavarle un puñal a cualquiera” (Gombrich, 1997, pg. 392). Muere en las costas de Porto de Ercole, unos de sus biógrafos dicen que de malaria, otros de disentería,  otros por circunstancias no conocidas e inclusive se dice que fue asesinado por sus enemigos, el hecho es que murió solo sin nadie que lo asista y  al igual que toda su vida, durante su muerte se presentó un halo de misterio.

                Una de las obras que llevan un realismo “de momento” o “moto”, que parecería congelar la escena, es su cuadro  Judit cortando la cabeza de Holofernes, en el cual se denota la maestría del artista por capturar los segundos en los cuales Judit cercena el cuello de Holofernes y este aún parece encontrarse con vida. La escena de Judit y Holofernes era muy exigida a los artistas de la época pero ellos se prestaban a representar el momento después de la decapitación, con una joven llevando la cabeza del hombre. Y es que precisamente como se iban dando las cosas dentro de la Iglesia, ésta debía normar y corregir a los herejes y aquellos que atenten contra el Evangelio, entonces qué mejor manera de adoctrinar si no con representaciones de este tipo, donde el bien triunfa sobre el mal.

Este cuadro es uno de los más violentos de todos cuanto pintó Caravaggio (Grandes maestros de la pintura, 2006, pg. 50) y representa a Holofernes, general de Siria, que pretendía sitiar el pueblo de Betulia y obligar a los judíos que adorasen al rey asirio Nabucodonosor en lugar de Yavé (Rose Marie & Rainer Hagen, 2010, pg. 322), estos se encontraban a merced del tirano y pensaron en rendirse y sujetarse a sus preceptos; pero apareció Judit, una joven viuda de belleza extraordinaria que sedujo al asirio para posteriormente degollarlo y salir triunfante con su cabeza tomada de los cabellos, para darla al pueblo en una alforja, en representación de su libertad; la mujer fue vista como salvadora del pueblo israelita.

La representación de la escena como ya lo hemos dicho antes, toma el instante mismo en el que Judit degolla a Holofernes; él se encontraba recostado en el lecho, posiblemente esperándola para satisfacerse de ella y de pronto sin si quiera poder reaccionar a lo que sucedía, Judit con sus tersas y delicadas manos y su rostro fruncido en señal de repugnancia, no se sabe si por la presencia del malvado o por el acto que iba a cometer,  entierra en el cuello el cuchillo que robase la vida del hombre y del cual brota un chorro de sangre que podría parecer algo exagerado y un tanto irreal, pero que al contrario es capturado en el segundo mismo en el que brotó del infeliz. El hombre alcanza a clamar un último grito de desesperación, al no saber que sucede y en segundos comprender que va a morir.

El Libro de Judit relata que la mujer  agarró de los cabellos la cabeza del sirio al tiempo que decía: "¡Dame fortaleza, Dios de Israel, en este momento! Y, con todas sus fuerzas, le descargó dos golpes sobre el cuello y le cortó la cabeza” (Judit 13,6-8). En el texto apócrifo, una sierva espera a Judit fuera de la habitación con una alforja donde meter la cabeza, pero Caravaggio se ha permitido plasmarla junto a la bella mujer; en contraste a la juventud y lozanía de Judit, aparece en el acto una anciana decrépita, con  muchos años a cuestas y de una fealdad que se cuela por entre sus arrugas, ésta al igual que el espectador presencia el instante en el que Judit roba la vida a Holofernes y espera con la alforja en sus manos que se dé por terminado el acto.

CONCLUSIÓN

¿Cuánta influencia tuvo en Caravaggio el contexto social en el que vivió? Por un lado la presión de la Iglesia y sus ideas sobre el “decoro” y cómo se lleva una existencia honorable; por otro sus ansias de vivir al extremo, de compartir su vida con la gente de más baja calaña, sirviéndose de ellos como modelos para representar las más santas escenas religiosas. ¡Qué contradicciones! ¿Cómo vería la Iglesia el que un artista que no tenía mayor remordimiento en ufanarse de llevar una vida impúdica; en palabras de Van Damer, pintor nórdico contemporáneo: “se contoneaba con la espada al cinto, seguido por un criado, de un baile cortesano a toro, siempre dispuesto a meterse en una pelea o a una discusión, de modo que resultaba muy difícil congeniar con él.” (Historia del Arte, Nauta, 2001, pg. 2); representase escenas religiosas que debían servir de doctrina cristiana?

Es posible que para la gente que vivió en ese período, la obra de Caravaggio sea un insulto a las costumbres y forma de vida de la época. La crudeza con la que representó los cuerpos, esa arrogancia con la que plasmó su punto de vista, cómo él veía su entorno. Pero al mismo tiempo, ¿Cómo podía la sociedad y específicamente la Iglesia, censurar su obra, si lo que el artista hizo fue transcribir a detalle lo que las Sagradas Escrituras encerraban? ¿No sería conveniente entonces censurar la doctrina de la Iglesia? ¿Acaso no nos encontramos frente a una doble moral que por un lado plantea el seguimiento de normas de “decoro”, pero que por otro lado sobre sus dictámenes   se asienta una sombra de impudicia?

Michelangelo Mesiri  sí, fue irreverente, llevó una vida licenciosa y posiblemente en ciertas ocasiones se pasó de la raya, pero fue más auténtico que la falsa moral de la sociedad del siglo XVI, que tiraba la piedra y escondía la mano. Él fue más humano y piadoso que la Iglesia, convivió con la muchedumbre  y supo de sus necesidades y carencias; mató, se envileció, pecó; pero entregó todo de sí en sus obras.  Los representantes de la Iglesia, envueltos en trajes y “casullas” fabricados con hilos de oro y encajes de plata, ufanándose de bondad y misericordia; arremetían contra el artista, por usar en sus cuadros como modelos a prostitutas para encarnar a la Virgen  y a vagabundos en el papel de apóstoles,  y por tramar las escenas más santas en garitos y socavones, pero,  ¿no eran ellos también quienes buscaban saciar sus instintos en estos lugares y además proclamarse defensores de los pobres y al mismo tiempo virar la esquina cuando se encontraban con uno de ellos frente a frente?

 “Gracias a Dios”,  hubo aquellos que vieron en sus obras algo más que una simple rebeldía,  hubo esos adelantados  a la época que pudieron apreciar lo que el artista les y nos legaba: la técnica, la sensibilidad, el poder calarnos hasta los huesos con imágenes que parecen tan reales. En mi intento de “decapitar la moralina de la iglesia”, me he visto más bien presa del encanto del artista; sigo pensando que las falsas morales estuvieron presentes en la época de Caravaggio y aún hoy en día nos siguen como sombras;  pero más bien lo que quisiera con este trabajo es enganchar  al lector para que se inmiscuya en la obra y en la vida de Michelangelo Merisi, que saboree la exquisitez de su obra. He descrito  solo una de sus obras y no lo he hecho a profundidad justamente con la intención de que a partir de este instante quien lea estas líneas tenga la necesidad de investigar más sobre Caravaggio y el contexto en el que vivió.



Bibliografía


Gombrich, Ernest. La Historia del Arte. Traducido por Santos Rafael Toroella. Londres: Phaidon, 1997.

historiacultural.com. 2011. http://www.historiacultural.com/2010/07/reforma-protestante-y-contrarreforma.html (último acceso: 26 de 01 de 2012).

Lambert, Gilles. Caravaggio. Colonia: Taschen, 2001.

Rose Marie & Rainer Hagen. Los secretos de las obras de arte,Tomo II - Desde los inicios hasta el Renacimiento. Barcelona: Taschen, 2010.

Varios Autores. Grandes maestros de la pintura: Caravaggio. Barcelona: Sol 90, S.L., 2006.

Varios Autores. Historia del Arte. Barcelona: Nauta, 2001.

Wikipedia. 26 de 01 de 2012. http://es.wikipedia.org/wiki/Concilio_de_Trento (último acceso: 26 de 01 de 2012).
               




domingo, 22 de enero de 2012

DISCURSO OPERATIVO SOBRE CONOCERSE A SÍ MISMO IV

Quién soy, que es lo que me apasiona, porqué estoy aquí, que libros me han influenciado??
Preguntas que a simple vista se pueden responder en un tris.... pero ahí viene mi atorrante manía de complicarme la vida.

CONSTRUCCIÓN IV

Si me pongo a ahondar a lo largo de mi intelectualidad podría toparme con varios libros que albergan un cariño especial en mi corazón.

Primero está "El gato que se fue para el cielo",  el "Diablo de la botella" y "Por favor vuelve a casa"; podría gradecer o desagradecer a mi falta de concentración y memoria el no poder decir exactamente sobre qué tratan, pero exhorto a la buena costumbre del que aquí se ha presentado a leerme de que los revise, que tal vez no encuentren en ellos gran interés, que les podrán parecer infantiles, y en efecto así lo son, pero que en el fondo al menos a mí me han llegado a afectar ya sea para bien o para mal.
Conduciéndome ya por la vía de la post adolescencia, el libro que me marcó o más bien yo marqué fue el de "El Resplandor", que para el ocioso viene también "en formato dividi",  pero que muy a parte de que la película es magistral, el libro supera en cierta forma algunas partes,  sobre todo en la descripción (el sabor que deja en el paladar la descripción que hace un libro, suele perderse mucho en la películas).
También está por ahí "Yo y él", regalo que aún no entiendo porqué me lo dio un buen amigo ya que trata sobre la diátriba que tiene un pobre hombre con  su miembro viril insatisfecho al no poder cumplir con las funciones por las que fue concebido ya que al hombre se le ha puesto entre ceja y ceja que para llegar a la sublimación es necesario abstenerse de crear relaciones intro-personales. Y aún me pregunto porqué me pareció tan simpático el libro.
Mas entre ellos solo se encuentran libros que me han gustado, que me producen un especial sentimiento pero que no necesariamente me hayan influenciado.
Por otra parte quien me ha influenciado sí, que asumo y arresto que deben haber leido o por lo menos escuchado mencionar, es "El Principito", gastado ya el pobre de ser un libro gustado por muchos, pero que le puedo hacer, por algo a de ser que pasa el tiempo y aún sigue siendo una reflexión insospechada para muchos.
Existen otros libros que más alla que ellos, ha sido su autor quien me ha influenciado y estoy hablando de Oscar Wilde. Genio, maestro del sarcasmo, a quien le debo parte de lo que soy, es por él que cada día me hago de enemigos porque no comparten mi humilde ironía. 
También me he visto influenciada por "El nombre de la rosa", con qué amor puede un hombre hacer un libro en el cual se exalta a los mismos, con qué agudeza nos adentra a un mundo de secretos y venenos, qué difícil no dejarse llevar por él, por los laberintos de las viejas bibliotecas.....
Por último, el libro que me ha estigmatizado, y aún así no le guardo rencor es el de Dr. Jekyll y Mr. Hide, claramente se evidencia en él parte de lo que soy, esa oscura vida interna que llevo y me carcome.
En conjunto;  todos estos libros son lo que soy, esa pasión irracional que como lo expuese antes no siempre es satisfactoria. Me he moldeado en ellos sin siquiera darme cuenta, y ahora me es imposible arrancarme de las páginas que escribí en mí,  basándome en ellos, desde la felicidad de "El gato que se fue para el cielo", pasando por el terror de "El resplandor", hasta la terrible dualidad de ser un mounstro inserto en otro mounstro. 

¿Qué huella dejamos a nuestros hijos?

  Sé que muchos no leerán la siguiente lista de enunciados y reflexiones, pero para aquellos a los que llamé su atención, les insto a que le...